Jack va en busca de Miss Acacia al Extraordinarium, “un viejo circo reconvertido en feria. Allí se ven espectáculos de todo tipo, caravanas de trovadores, bailarinas estrella, trenes fantasma, tiovivos de elefantes salvajes, aves cantoras, paradas de monstruos vivientes…Tienen a una pequeña cantante, creo[…]”
Camino de ese lugar, el mago y relojero Méliès, le da el siguiente consejo a Jack:
“Tienes que comportarte como un jugador de póquer. Jamás muestres tus dudas ni tu miedo. En tu mano tienes una carta maestra, tu corazón. Crees que es una debilidad, pero si tomas la opción de asumir esa fragilidad, este reloj-corazón te convertirá en alguien especial. ¡Lo que te hace diferente será tu arma de seducción!”
Sabemos que Miss Acacia es una niña miope de la que se enamora Jack el primer día que la conoce. Esta niña, a pesar de ver muy muy poco, se dedica a cantar: su debilidad física no le impide realizar lo que le gusta. Jack, es un niño que nació con el corazón helado y al que Madeleine le puso en su lugar un reloj para que pudiera vivir.Pero también lo llenó de temores: “No toques las agujas, domina tu cólera, no te enamores nunca. La mecánica del corazón depende de ello”. De momento, vemos que nuestro pequeño protagonista se ha enamorado y está más vivo que nunca.
No podemos olvidar que aparecen en la historia otros personajes no mucho más favorecidos que ellos, ya sea por debilidades físicas o por circunstancias de la vida: recordad a Arthur, Anna, Luna o a la propia Madelaine y entonad, ahora que ya la conocemos, la canción que tanto canta y de la que sabemos qué significa su letra y por qué es la banda sonora de esta narración.
A continuación, tenemos un vídeo en el que también aparece un circo. Es un circo muy especial, el circo de la mariposa. Se trata de un corto, de Eduardo Verástegui, en el que nos narra, porque también se narra en el cine, una breve historia de un hombre, que supo hacer de un defecto o debilidad, una gran virtud, como le dice Méliès a Jack. Es un ejemplo de superación del que podemos aprender, por ejemplo, que los límites a nuestros sueños sólo los ponemos nosotros.
